Quien me acompaña

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viernes, 31 de octubre de 2014

La culpa



Elisabeth rebuscó en el interior de su bolso. Encontró la llave, la introdujo en la cerradura y la giró hasta notar el pestillo descorrerse.  Era su propia casa y sin embargo se colaba en ella como una furtiva, a hurtadillas para no ser descubierta.

Desde que su  hermana sufrió el accidente, cuidarla y velar por su salud se había convertido en toda su vida. Tenía una culpa que pagar y lo asumía, pero en los últimos meses el lastre de la conciencia se había vuelto más pesado y  su vida se le escapaba por momentos, casi todos ellos dedicados en exclusiva  a la mujer que compartía aquella casa y  que gobernaba - tirana y orgullosa- su existencia. ¿Cuánto tiempo resistiría  aquella  crueldad?.

Ya en el vestíbulo, se sobresaltó al descubrir entreabierta la puerta de la habitación dónde su hermana se había recluido voluntariamente,  hacía ya quince años. Sintió temor, angustia e incluso tristeza  al mirar de soslayo la oscuridad que parecía observarla.

“¡Que idiotez¡, parezco una cría”  -se recriminó casi al instante. Dudó por un momento si cerrarla o no. Apretó contra si el bolso que colgaba de su hombro y optó por seguir camino hacia la cocina. Aún disponía de unos minutos antes que ella despertara y no estaba dispuesta a que la privase de un vaso de leche caliente. “Esta vez no” –se dijo.

Encendió la luz, abrió el frigorífico, sacó el cartón de leche y se dispuso a calentarla en el microondas  que había comprado meses antes.  Escuchó con sobresalto el chirriar de una silla y supo que no disfrutaría de un segundo más de paz, volvía a repetirse la escena de cada noche: Un golpe seco o arrastre que llamase su atención y la voz imperativa y renegada de su hermana.  Su vida, en ese momento, podría muy bien haber inspirado al renombrado guionista Harol d Ramis  la película “El día de la marmota”. La misma escena una y otra vez, un círculo vicioso que no sabía cómo concluir pero que debía cerrar,  ¡ya¡. Tensó sus músculos, sintió la rigidez de su cuello y se preparó.

—¡Elisabeth, se que estás ahí¡

—Voy Adela, sólo he pasado a cambiarme de ropa.

— ¡Rezas para verme muerta!. ¡Te desharías de mí cadáver sin piedad¡… pero no olvides que… ¡¡¡TIENES LA CULPA¡¡¡. ¿Qué clase de mujer deja que el fuego devore a su hermana sin mover un dedo?. ¡Me mirabas¡ ¡Te ví por la ventana¡,¡ querías que muriese¡. ¡Lo sé¡ -gritó la enferma, víctima de la locura.

Elisabeth no respondió. Una lágrima  resbaló por su mejilla y no pudo reprimir la rabia. Se levantó, lanzó la taza contra el suelo y se dirigió al encuentro de la arpía que le  exprimía  la vida y se la estaba bebiendo lentamente, disfrutando de cada sorbo. Inútil volver a explicarle que aquel fatídico día no pudo moverse petrificada por el miedo, que lloró desconsoladamente durante meses suplicado por la vida de su hermana cuando nadie pensó que sobreviviría. Que la cerilla incendiaria la prendió  la propia Adela en un arrebato de locura y desesperación tras la inesperada muerte de Mario, el hombre del que estaba perdidamente enamorada. Elisabeth la había protegido de todos aquellos recuerdos porque temía que volviese a revivir terrores pasados y su locura se volviese más incontrolable aún. Una vez restaurada, la habitación se había convertido en su prisión, en todo su mundo y nadie pudo conseguir que saliese de ahí.

 Recobrando el control y la cordura,  a duras penas  consiguió balbucear unas palabras...

—¿Qué necesitas ahora…hermana?. Cualquiera que fuese mi error lo estoy pagando con creces, no lo dudes –casi gritó, acentuando  el odio sordo que la consumía.

Ya no reinaba la oscuridad en la alcoba, la tenue luz que destilaba la pequeña lámpara colocada encima de la mesita amarilleaba las pareces de la habitación, creaba un ambiente poco acogedor , cargado de intranquilidad y  desasosiego. “Hasta la habitación nos conoce” , rió nerviosamente  Elisabeth.

Cogió la única silla de la estancia y la llevó junto a la cama.  Miró a su hermana, quien con la cabeza vuelta hacía el otro lado no respondía a sus comentarios. Bien, seguía enfadada. “Peor para ella” –se dijo triunfalmente.  Llegado a ese punto, cualquier asomo de retroceso por parte de una, era tomado como una pequeña victoria por la otra. Se sentaría a leer a su lado hasta la hora de cenar, treinta minutos que le sabrían a gloria y tiempo suficiente para hacer reaccionar a Adela.  

De pronto, todas las alarmas saltaron y la cabeza pareció estallarle. Aunque su hermana era una bruja nunca pasaría tanto tiempo sin  llamar su atención. Algo extraño y macabro sucedía. Presagio  de tragedia y maldad. Corazón desbocado. Un sudor frio la invadió y dirigiéndose a la cama, apenas pudo articular palabra:

—Adela, no seas tonta por favor, dime algo. Sabes que no puedo soportar tu rechazo.

 Acercó su mejilla a la cara de  su hermana, intentando recobrar el dominio de la situación. Sabía que eso la haría reaccionar y la tranquilidad volvería por unas horas a su familia, destruida, pero lo único que le quedaba.

 Un escalofrío recorrió todo su ser y el frio de la  muerte la taladró. Aquellos ojos inmóviles,  vidriosos, blancos, sin vida pero que sentía la miraban. Aquella piel azulada, pómulos huesudos.  Labios morados y resecos, engarzados en una cruel mueca. Encías sangrantes. Aquella rigidez corporal. Apenas habían transcurrido cinco minutos entre la última frase hiriente que su hermana le profiriese  y el momento en que Elisabeth había entrado en la estancia.  No podía gritar, el terror la paralizó.  Los ojos -llorosos y enrojecidos- se negaban a cerrarse, fuera de si. Las manos, agarrotada, se aferraban a las sábanas en un último intento por entender  y el susurro…aquel susurro de aliento putrefacto que con voz ronca sonaba a su espalda…

— Me perteneces, como ellos, como todos... Ven.

Comenzó a entender. Su hermana no había perdido la cordura, sólo se erigió en guardiana de aquel habitáculo siniestro, guarida del “ente” que lo dominaba. Ahora todo cobraba sentido.  Tantos años alimentando odio y culpa cuando al final lo único que pretendían era protegerse una a la otra. Triste vida. Supo que era su final  y no se resistió. Sacó el mechero que siempre llevaba consigo  y lo prendió en un último y desesperado intento de destruir aquel siniestro ser, tal y como su hermana intentara quince años antes.  Lo último de lo que tuvo consciencia fue del resplandor,  las llamas la engullían ansiosas, hambrientas de vida. Al final, la vieja leyenda iba a ser cierta, el pozo descubierto en el sótano no sólo contenía agua…

Veinte años después…

—¡Me encanta, mamá¡. Me la pido, esta habitación será la mia.


 …Ilusionada, la  familia comenzó el traslado  a su nueva casa…


                                                  

miércoles, 26 de marzo de 2014

La luz de la vida




Esta entrada corresponde a mi participación en el Grupo "Adictos a la escritura", proyecto para este mes de marzo y que ha quedado bautizado como "El desafío".
Paso a describiros en que consiste, para que podais apreciar el verdadero trabajo y como lo vemos los que participantes en este reto, para mí, maravilloso. El trabajo propuesto se desarrolla en dos fases:

FASE 1

-El primer paso, y para poder participar en el relato final, será escribir una escena muy breve, que posteriormente desarrollará un autor diferente.
-Será de género libre.
-Máximo 100 palabras. 
El día 12 de marzo habrá que enviar la escena al correo deadictos.escritura@gmail.com

FASE 2

-Una vez repartidas las escenas, se desarrollarán los relatos. NO SE TRATA DE UNA INTERPRETACIÓN, SINO DE USAR LA ESCENA COMO INICIO DEL RELATO. A partir de ella habrá que desarrollar la historia, a ser posible respetando lo planteado por la escena que os toque.

-La extensión máxima del relato será de 2 páginas de Word, escritas con letra Times de 12, interlineado sencillo y márgenes configurados en normal.

La magia consiste en desarrollar un relato a partir de un párrafo iniciado por un compañero o compañera de grupo. A mi me ha tocado el presentado por Arianna, un texto con el que he disfrutado de lo lindo y que ha tomado forma y vida el solito. Yo, simplemente, me he dejado conducir por la pluma. Espero no decepcionar las expectativas de mi querida compañera.
Sólo significar que el párrafo que me ha sido facilitado es el primero y termina en: "cubrirme como momia". :)


                                             LA LUZ DE LA VIDA                                                          






El día más inolvidable de mi vida sucedió cuando estaba por terminar mi cuarto semestre en el bachiller. Todo comenzó cuando curioseaba por la ventana del autobús escolar un pequeño paisaje rodeado por unos caballos que trotaban en círculos alrededor de un establo de vacas. 
Los rayos del sol que traspasaban por la ventana otorgaban a mis ojos el poder de crear figuras extrañas de colores rodando en los matorrales que no dejaba de observar. Era tan divertido hasta que mi piel erizada por el aire acondicionado me obligó a sacar el cobertor de la mochila para cubrirme como momia.

Había participado en esta excursión, organizada por el colegio, de mala gana y así me encontraba, malhumorada, acurrucada en mí asiento y bien abrigada. Me dormí sin darme cuenta, soñando con lo único que me interesaba en ese momento:  las  vacaciones estivales, cada día más cercanas. ¿Qué habrá sido de Rodolfo?, ¿Lucía?, ¿Tomás?...como los añoraba, a ellos y las aventuras que juntos vivimos el verano anterior. ¿Volverían a “Isla bonita”?, lo deseaba con todas mis fuerzas. A pesar de ser un curso muy complicado y difícil, me había esforzado al máximo sólo para poder disfrutar de un verano sin preocuparme de los dichosos libros. ¿Volvería a ver a  “Lucero”?, la perrita más alegre que había conocido y a la que hicimos nuestra amiga inseparable, testigo mudo  de cuanto vivimos. Desperté sin saber  el tiempo transcurrido, que no debió ser mucho porque los caballos, el sol y el establo aún permanecían en mi campo de visión.

     Me he desmayado –susurré-
     ¡Te has dormido como un tronco, Lucía¡  –me dijo el niño sonriente que se encontraba a mi lado- el autobús ha averiado y no podemos regresar, de momento solo sabemos que han pedido otro para recogernos.

La noche caía y no llegaba nuestro vehículo salvador, empezamos a tener miedo, temor que se incrementó cuando el conductor nos hizo saber que la radio se había quedado sin batería. ¡Nos hallábamos incomunicados¡. A lo lejos oíamos a los animales, ya recogidos en el establo y que parecían anunciar una larga noche llena de sombras y aventuras siniestras.
Sólo nos acompañaban dos adultos, el conductor y la cuidadora del autobús, una mujer menuda y apocada que parecía más asustada que nosotros. Tras esos ojos llorosos y desbordados por la situación, Miriam –que así se llamaba- nos dijo con toda la tranquilidad posible que los dueños de la granja no habían accedido a dejarnos dormir en su casa, que la única posibilidad de la que disponíamos para abrigarnos del frio de la noche era dormir en el establo, junto al ganado y a eso no se habían opuesto, al contrario, les había parecido que a “estos niños de ciudad” –como nos habían calificado- les vendría muy bien saber lo que es convivir con la naturaleza.

     ¡Chicos, fuera esas caras¡ -nos cantó el conductor a ritmo de “aquí no pasa nada, arriba esos ánimos”- coged vuestras mochilas, la manta que os corresponde y en rigurosa fila seguidme, ¿no vinimos de excursión? ¡A vivir nuestra mayor aventura¡
El rudo granjero -hombre encorvado, demasiado mayor y sin expresión en el rostro- nos abrió la puerta del establo y nos hizo entrar.
— Cierro con llave desde fuera y hasta el amanecer no se os ocurra molestar.. –nos ladró-

Hacía frio e ideamos, como juego y para sentirnos más protegidos, dormir en círculo unos pegados contra otros y así sentir nuestro propio calor. Se respiraba tensión en el ambiente, incrementada por el brillo amenazante de los ojos de los animales con los que compartíamos habitáculo, pero pronto se acostumbraron a nuestra presencia y poco a poco fueron quedándose dormidos.  La luz del único candil que el lugareño nos había dejado para alumbrarnos dibujaba en la pared miles de figuras, todas siniestras. Yo apretaba bien los ojos para intentar dormir y controlar el pánico que la visión de las sombras me provocaba, pero todo en vano…la noche iba a ser larga,  muy larga…

 La señorita Miriam, sin previo aviso,  empezó a compartir con nosotros historias y aventuras que había vivido en su infancia y no todas ellas buenas, lo que provocó alguna traviesa risilla por nuestra parte. La siguió Rodolfo, el conductor. Luis, un niño que apenas participaba en las actividades de grupo también aportó su granito de arena para calmar la situación, yo me decidí a relatar lo interesante de mis veranos… todos teníamos algo interesante que aportar, todos queríamos decir, expresar…y así, pronto conseguimos ver bonitas figuras a la luz del candil dónde antes solo encontrábamos malvadas y temerosas siluetas. Sin sentir transcurrió la noche, una noche dónde no pegamos ojo pero también una noche que secretamente ninguno deseábamos que terminase.

Se oyó la cerradura, la puerta chirrió y la luz de la mañana inundó la habitación. El granjero soltó una sonora carcajada y encontramos su rostro afable y acogedor.
     ¡Veo que los “señoritos” han dormido muy poco, más bien nada¡, creo que les será difícil olvidar que han pasado por la finca de un seguro servidor, El Matias. ¡Y espero que para bien¡  -el rostro bonachón del hombre se iluminó picáramente con una sonrisa de oreja a oreja, dejando casi en suspenso la rama de hierba que colgaba de la comisura de sus labios.

Un claxon sonó a modo de aviso, el autobús estaba arreglado y podíamos volver a casa. La excursión llegaba a su fin y el curso casi que también.

Las miradas cómplices y felices que partieron aquella mañana hacía su destino, nada tenían que ver con las temerosas que se enfrentaban a una noche llena de incertidumbre. ¿En verdad era aquel granjero tan siniestro como parecía?, quiero pensar que no, que simplemente era un hombre que sabía de la vida y las prioridades de ésta, que conocía muy bien dónde radica la verdadera fuerza de la raza humana: la unión y generosidad y que quiso compartirla con un grupo de niños que apenas se abrían a la vida porque quizá no tuviesen otra ocasión de  aprender del espíritu que nunca debe abandonarnos, la naturaleza.


Sentada en mi autobús y camino de casa, comprendí.





martes, 28 de enero de 2014

Querido Zeppelín


Interesante reto el de este mes, ocultos detras unas inocentes imágenes. ¡Quien iba a decirme a mí que tras la núm. 2 elegiría el género "Historico"¡. Creo, sinceramente, que ha sido la única manera de sacarme de mi labrado confort, pues de otro modo ni me lo hubiese planteado nunca.
He disfrutado como hacía tiempo, me ha encantado y aquí os dejo el resultado.
Espero os guste.


                                                  QUERIDO ZEPPELÍN






Cuando las chicas cruzaron sus miradas, poco podían imaginar que sería la primera vez de muchas a lo largo de su existencia. Aquel emocionante viaje que iniciaron acompañadas de sus familias se convertiría en un nexo que las uniría de por vida, el sutil lazo que les ayudaría a superar lo que el destino les había preparado.

El día 3 de mayo de 1937, Mary con apenas 14 años de edad, subía a bordo del impresionante Zeppelín Hindenburg acompañada de su hermano, cinco años mayor y junto a ella el único superviviente de una casta marcada por la tragedia. Rose -de 15 años- lo hacía escoltada por sus padres, herederos de una gran fortuna de la que iban a tomar posesión al otro lado del charco. Tres días duró la travesía, tiempo suficiente para que las inquietas niñas sintiesen la necesidad de conocerse, explorar y deleitarse con las  nuevas aventuras que vivían a caballo entre la realidad y su desbordante imaginación. Compartían la emoción de subir por primera vez en el dirigible, impresionante vuelo de pasajeros con destino a Nueva Jersey, (anteriormente lo había hecho en 10 ocasiones a EE.UU y 7 a Brasil) que despertaba en sus jóvenes mentes la sensación de libertad con la que siempre habían soñado. Los planes que tenían, la cabina que compartieron a escondidas, la extrañeza que les supuso darse cuenta que se podía fumar dentro, junto a la longitud del aparato (245 m), y la altura del mismo, (el equivalente a 16 pisos), fueron los ingredientes con los que contaban para desatar la mayor de las fantasías, al más puro estilo romántico de la época.

Hoy, 6 de mayo de 1977, cuarenta años después y sentada en la terraza de aquel acogedor bar Rose recordaba las últimas horas de vuelo e indagaba en su memoria. No quería  olvidar ningún detalle, sobre todo la última imagen de sus padres fallecidos en el accidente. ¿Qué pasó realmente?,  sólo recordaba que anunciaron próximo el aterrizaje, que la ciudad empezó a tomar forma, que en un gramófono sonaba la canción de Marlene Dietrich, Lili Marleen, los nervios después de las últimas horas debido a la tormenta, la dificultad del aterrizaje, la espera… como, casi tocando suelo,  oyeron a la gente gritar, el denso humo que las envolvía, la imagen de un fuego voraz..., la profunda sensación de soledad cuando perdió de vista a su amiga, el caos al sentir como caía sobre ella aquella lluvia inesperada, como perdió el conocimiento, todo eso formaba parte de esos dolorosos recuerdos que por nada del mundo quería perder. Años después leyó que solo sobrevivieron a la tragedia aquellos que se encontraban debajo de los tanques de agua que abastecían el aparato y sí, eso sí, ellas dos en ese momento visitaban una zona de camarotes justo debajo e incluso se colaron clandestinamente en uno de los aposentos, curioseando y arriesgándose a una buena reprimenda, pero fue lo que las salvó de morir abrasadas.

 Después de la tragedia, una vez hubo recuperado la conciencia y aún desorientada sólo pudo reconocerse en unos ojos tan temerosos como los suyos, los de Mary. Aún no sabían del fallecimiento de un tercio de las personas que habían compartido vuelo con ellas  entre las que se encontraban sus familias, pero  instintivamente se abrazaron y lloraron. Eso si lo recuerda bien, el calor protector que las unió lo sentía tan vivo que la acompañaba y confortaba en cada uno de los momentos difíciles de su vida.

-¿Qué le pongo? –le preguntó el camarero.

La interrupción del camarero la hizo volver a la realidad y tomar conciencia de que se encontraba como cada año desde aquel día, mirando el reloj por enésima vez, no ya nerviosa e impaciente sino simplemente divertida. Sabía que era inútil desesperarse, que antes de 10 minutos su amiga no llegaría, había cejado en su empeño de intentar domesticar a esa fierecilla indomable pero encantadora que se había cruzado en su camino y de la que no podía prescindir, la necesitaba en su vida, se necesitaban, y aunque no estuviesen en contacto todos los días, incluso en meses no supieran nada una de la otra, sus corazones se mantendrían unidos de por vida.

Quedar en aquel café, el mismo día todos los años y a ser posible a la misma hora se había convertido en una práctica sagrada a la que ninguna de las dos mujeres quería renunciar. Al fin llegó, como siempre con alguna excusa para justificar su retraso, esta vez relató como el tacón del zapato se le había partido al salir del metro, del apuesto joven que la ayudó a no caer  y como salió corriendo zapato en mano para intentar llegar lo menos tarde posible a su cita. Divertida y entrañable estampa verla azorada con la prueba del delito en una mano y los coloretes de las mejillas subidos por el esfuerzo de la carrera, un año más llegaba tarde... pero llegaba, para disfrutar junto a ella de las legendarias y auténticas propiedades curativas del café, y sonreír mucho, pues según la teoría de su excéntrica amiga “sonreír alarga la vida”.

Cruzaron sus miradas, esta vez llenas de ilusión y se dispusieron a compartir todo lo compartible,  como cada año a la misma hora y en el mismo lugar. 


                                                         

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Papá a tiempo completo










     Cuando llego a casa, cuelgo el abrigo, dejo las llaves encima del mueble del recibidor y escucho las risas de esos pequeños “diablillos” que son mis hijos es, precisamente,  el instante en que mi maltrecho “todo” revive, se une al jolgorio animado  de  los niños y me siento invadido por la alegría que desprenden esas pequeñas vidas a las que yo he contribuido, mi mayor tesoro. Entonces, toma sentido el más  importante de los retos a los que me he enfrentado y me enfrentaré jamás: SER PADRE.
     Por favor,  perdonad el despiste…, ¡que aún no me he presentado¡. Soy Luis,  41 años a mis espaldas,  enamorado  del deporte, leer y  pasear.  El cine y, sobre todo, disfrutar de un buen partido de futbol son mi mayor placer.
     Me dedico a la banca - profesional de este sector durante ya casi 15 años- pero lo que más llena  mi ajetreada vida, son mis retoños.  Disfrutarlos cada minuto de los cuatro meses en los que la justicia me deja vivirlos y participar de su existencia es mi ilusión. Su madre y yo nos divorciamos hace dos años y aunque no ha sido posible llegar a un buen entendimiento como pareja hemos conseguido normalizar la situación gracias a ellos y así, poder disfrutar de la custodia compartida, tan difícil de conseguir actualmente.
     En ocasiones, me pregunto qué será de ellos cuando ya no pueda serles útil, cuando no puedan contar con la protección de su padre  y, tomando conciencia de la realidad,  me contesto a mi mismo: “¡dónde vas,  Luis…pregúntate que será de ti cuando ellos necesiten  desplegar sus alas al mundo¡” . El trabajo de “padre” es a tiempo completo y  de por vida, no existe jubilación que valga y volarán, dolerá… pero volverán al nido…de otra manera, pero regresarán”.
     Hasta que nos divorciamos, mi mujer y yo compartíamos las tareas de la casa, los niños y los múltiples quebraderos de cabeza que proporcionan las facturas a las que debíamos hacer frente. La añoro, revivo frecuentemente aquella etapa en la que no teníamos nada material, solo compromisos  incumplidos, pero éramos todo el uno para el otro, nacieron nuestros hijos y nos convertimos en cuatro…los tres mosqueteros y Dartagnan…quién por supuesto era yo,  para eso era el cabeza de familia. María, mi mujer,  me miraba permisiva y consentía: “¡Si señor!, faltaría más”.. jaja.
     Esos tiempos han pasado, la vida me ha endurecido y todos, a nuestra manera, hemos debido adaptarnos al nuevo modelo de familia. Ahí  nos encontramos, luchando como verdaderos jabatos por nuestr clan …se componga de los miembros que se componga.
     He cambiado pañales, les he enseñado a comer, compartido con ellos la caída de su primer diente y  soportado, en alguna ocasión, la gracia del “burlón de turno” en un vano intento de  explicar al grupo lo que se siente cuando aprietas ese pequeño cuerpecito contra ti, al oír su primera palabra o la angustia que te invade el momento de  llevarlo al pediatra con la carita enrojecida por la fiebre y los ojos tristes y abatidos.
     Cuando me reúno con mi gente y debo soportar lo “machos” que son, la cerveza que toman, lo que ligan o, simplemente, si alguno se marca la típica gracia  riéndose de lo “marujón” que soy…yo, simplemente, los miro y pienso:
“Pobre diablo, nunca disfrutarás ni en sueños de lo que me siento: UN HOMBRE COMPLETO”.
     Se me cae la “baba” sólo con recordar una anécdota entre divertida y enternecedora, que protagonizó uno de mis hijos el año pasado:
Esa mañana en clase, la psicóloga del centro impartió una charla sobre la igualdad de género; de cómo debían equiparar el trabajo de casa –realizado habitualmente por la madre en la mayoría de las familias- al del ejercido por uno de los progenitores fuera del hogar. La ponente se dirigió a la clase y comenzó  su exposición:
—Cuando vuestra mamá hace la comida..
Mi hijo levantó la mano y preguntó contrariado:
—En mi casa es mi papá, ¿eso es malo?
Al día siguiente me llamó la tutora - sintiendo que el chico aún se encontraba algo confundido-para explicarme la pequeña incidencia e interesarse por alguna reacción inesperada del niño. Solté una carcajada entendiendo en ese momento por qué la tarde anterior mi hijo se la había pasado siguiéndome a todas partes con cara  decepcionada y preguntándome:
—Papá, ¿eres feliz?
Literalmente lo estrujé contra mí y  contesté:
—Junto a ti, siempre.
—¡Biennnnn¡ -respondió-¡aunque tengas que hacer la comida¡
     ¿Qué mas os puedo contar de alguien  como yo? ¿Creéis que demasiado sencillo? ¿Poco ambicioso?. No, sólo un hombre que tiene claras sus prioridades y los valores que fundamentan su vida, que entiende y vive el nuevo modelo de familia impuesto por la realidad de la vida y la sociedad actual.
Y ahora, os vuelvo a pedir perdón, pero me espera el “mandilillo”, el beso de bienvenida y la inevitable regañina que les propinaré por no haber realizado toda la tarea prevista.
     Seguro que las 22:00 hs. seré una sombra demasiado cansada para existir, muriendo por una ducha, y soñando con mi cama…qué le vamos a hacer…
—¡Papáaaaaaaaaaaaaaa¡










lunes, 25 de febrero de 2013

¿Piensas en mi?

               Proyecto grupo "Adictos a la escritura" mes de febrero -2013.

AVISO: El contenido de esta entrada  puede herir la sensibilidad tanto de menores como de aquellos que no gusten de este tipo de lectura; si es así, por favor no sigan. Gracias.

 Se trata de describir una escena en la que tendremos que incluir varios elementos que no tendrán nada que ver con el tema tratado, es decir, elementos que en principio parecen fuera de lugar. Para facilitar las cosas nos quedamos con las propuestas que ya tenemos, que son tres. La idea es que cada autor elija una de ellas, aunque podrá hacer varias opciones siempre y cuando los microrrelatos JUNTOS no excedan el límite de dos páginas.

2. Las opciones son las siguientes:
a) Escena: Un asalto a mano armada. Elementos fuera de lugar: un cachorro, un globo y un payaso. 
b) Escena: Una escena erótica. Elementos fuera de lugar: un acordeón, un pez dorado y un androide. 
c) Escena: Una fiesta de graduación. Elementos fuera de lugar: un tractor, un biberón y un sable.

Yo me he decidido por la opción b, la escena erótica y tengo que decir que no me ha costado nada, lo tenía claro desde el principio..es uno de mis géneros preferidos y el verdadero reto para mi ha consistido en saber equilibrar el tema, un tanto "peculiar": que decir y como expresar las sensaciones que fluyen sin herir sensibilidades, pues no va dirigido a una página de publicaciones propiamente de sexo.
 Espero que os guste y, como siempre, cuento con vuestros comentarios  :)


                                                                  ¿PIENSAS EN MI?



Abrí la puerta del baño ensimismada, dándole vueltas al ruego que minutos antes me había realizado mi propia imaginación: “¿Podrías enseñarme un poquito el pezón?”..esa frase resonaba en mi cabeza y, sin lugar a dudas, había conseguido disparar mi libido.

Me planté delante del espejo fantaseando, imaginando como me desnudaría delante suya si alguna vez era capaz, claro. Me bajé el tirante del sujetador despacito, tal como imaginé que él me lo haría, introduje delicada y pausadamente mi mano dentro acariciando cada centímetro de la suave piel que iba encontrando, tal y como intuía que él la saborearía..hasta tropezar con mi propio pezón, duro y ya  excitado…sólo entonces bajé la copa de la prenda rozando el pecho ligeramente con la palma de mi mano,  cautivada y sintiendo el ardor indefinible del puro placer.. mi excitación se concentró. Lo sentí, algo hervía en mi interior, una emoción deseosa de salir al mundo, algo que yo le quería brindar, algo que nos pertenecía a los dos: nuestra pasión contenida.

Miré de reojo la bañera ya casi llena y me introduje en el agua templada hasta el cuello dejando que me meciese, que me mimase, abandonándome al país de la fantasía, entregándome enteramente al capricho de quien aprisionaba mi voluntad y me envolvía en un torbellino de emociones a cual más atrayente, pero a quien sólo había logrado poseer en mi corazón. Imaginaba su cara y deseando sus labios me encontraba cuando empecé a sentir como se tersaba mi piel, sobre todo al contacto con el agua. Aquel muñequito a pilas en forma de pez de colores, que un día me regalaron unas amigas en plan “broma” por mi cumpleaños, al final iba a disfrutar de su minuto de gloria y, sonriendo pícaramente, lo puse en marcha y lo dejé que nadase  libremente a mi alrededor, que me buscase. El pecho medio sumergido en el líquido elemento  se dejaba acariciar, lo notaba mas turgente que nunca y eso subía mi grado de excitación…MUCHO.

No se cuando entró en mis sueños, ni siquiera atino a adivinar el momento en que se hizo dueño de todo mi ser, incluida mi entrepierna…ya me daba igual. El caso es que allí me encontraba, toda desnuda dentro de la bañera, enmarcado el pecho por mis dos brazos y acariciando con ambas manos mi sexo, sin rozar apenas mis labios ya mimados por el agua y mi deseo creciendo…cada vez más.

Imaginaba la conversación velada que mantendríamos mirándonos a los ojos:

—¿Piensas en mi?  

—¿Lo dudas?   —me respondería….SI

—Si…¿qué?
—Lo hago
—Lo haces…¿qué?
—Pensar en ti, sentirte, desear tus besos, morir por tus caricias, desesperar con tus ausencias y llorar con tu silencio.
…Y en ese momento, entreabrí mi boca imaginando como él me besaría, como acallaría mis dulces y apenas perceptibles gemidos y como sentiría su calor. Me sentía morir, morir por él, por una pasión que sabía nunca disfrutaría a su lado y que, quizá por eso, despertaba en mi una rabia que me lo hacía más deseable a cada momento.
Eres un sueño, si…lo sé, no importa. Cómo explicarle a un sueño que hasta conocerlo me sentía un androide, limitada mi experiencia a observar mi propia vida, moverme a golpe de tacón, hablar justo y cabalmente, exitosa carrera profesional, si…pero todo unido a un corazón de hielo cubierto por una coraza dispuesta  ante todo a no sufrir y, por consiguiente, a no vivir. He pasado toda mi existencia recibiendo y desechando oportunidades, como un acordeón firmemente sujeto y bailado, eso si, pero por manos inexpertas y torpes…te necesitaba y llegaste, cuando y como menos lo esperaba, pero aquí estás.
¿Qué solo vives en mis entrañas?, vale, lo acepto…todo pasa dónde, cuándo y cómo tiene que pasar, quizá sea el lugar que te corresponde...prisionero en mi deseo, que vivo y ardiente ahora, en este momento, aún en sueños disfrutarás…sujetando la mano que se fundirá en mi. Será mi mano  pero tu caricia, será mi suspiro pero nuestro placer…
Mis pezones se erizan sintiendo tu recuerdo, mi vientre se hunde notando tu presencia, mi sexo se humedece soñando tu deseo…y mis dedos me buscan amándote…como tú, mi sueño, me has enseñado…mi cuerpo temblando y tú conmigo…VEN…







martes, 29 de enero de 2013

Fin del mundo....¿frustrado?


¿Cuántos años habían pasado? ¿veinte?, quizá alguno más pero Mariana aún recordaba la mirada perdida sobre  aquel pupitre, su pupitre de quinto. A pesar del tiempo transcurrido  sentía viva la tristeza  que la invadió cuando se dio cuenta de que las marcas que en él habían dejado tantos niños podían desaparecer, dudaba si tatuar ella misma su paso por el colegio o no, total, sería el último día de todo y no tendría mucho sentido..o sí...perdida, nerviosa y desesperada no sabía cómo ni dónde refugiar su angustia. Las compañeras también acusaban la situación, ensimismadas cada una en sus propios pensamientos eran incapaces de seguir el ritmo de la clase de lengua que la profe se empeñaba en impartir. ¿Acaso no sabría la noticia?, era una mujer solitaria y rara..quizá nadie le había explicado que el día de mañana sería el último para la humanidad, que ya saber identificar y analizar las oraciones copulativas era un sin sentido.

La ansiedad de grupo crecía y algo insano y agobiante se había apoderado del ambiente, algo que jamás había experimentado..un silencio tan asfixiante que  provocaba aún más la sensación de descontrol que la invadía.
Sus manos se aferraba cada vez mas fuerte al tablero de aquel viejo pupitre, como si éste pudiese darle cobijo o sosiego, sabía que no tenía sentido, que era sólo un mueble, pero  . el olor a goma de borrar y tinta que desprendía le resultaba tan familiar que se sentía como entre los brazos de su madre.

Por fin Dña. Serpentina, que así se llamaba la maestra, terminó de escribir en la pizarra y con aire tranquilo se volvió a las niñas subiéndose las gafas que, como siempre, se deslizaban por su nariz en cuanto se despistaba. Con una mueca graciosa, Mariana  invitó a su compañera de pupitre para que observase el detalle: ¿qué sería de la maestra sin sus lentes medio caídas?, desde luego no sería ella.
A pesar del despiste, que también caracterizaba a tan particular "seño", ésta se volvió con tranquilidad y con toda la ternura de la que fue capaz se dirigió a las pequeñas:
--Chicas, me parece que no prestaís la suficiente atención a esta clase, ¿algún motivo para ello?

Los ojos de las asustadas muchachas se abrieron enormemente sin entender...efectivamente, la maestra no tenía ni idea de la catástrofe que se les avecinaba, vivía en los mundos de yupi junto a todos los sueños..ahora lo tenía claro, no pertenecía a este mundo.
--Dña Serpentina –dijo Mariana, estamos muy asustadas porque mañana se acaba el mundo, ¿no lo sabe?, corra a refugiarse con su familia, entre sus amigos y todos aquellos de los que no quiera separarse…mi madre me ha dicho que mañana vendré al colegio como cada día..y no lo entiendo, ¿no me ama? Y la pequeña rompió en un sonoro llanto.

--Cariño, no pienses eso  --respondió la maestra. Precisamente porque eres, mejor dicho, porque sois lo que más quieren vuestros padres mañana debeís seguir con vuestra vida como si nada fuese a suceder, quizá sea una de las decisiones más duras que deban tomar, renunciar a sus hijas y verlas partir sabiendo que puede ser el último momento que las disfruten.
No, no me miréis con esa cara, no, que  me rompeís el alma..no estoy loca; se lo que se dice, se lo que se cuenta, lo que puede o no suceder…pero aunque sois pequeñas e inocentes debeís ir aprendiendo que en esta vida, vuestra vida, la que os ha tocado…os vais a encontrar con tantos fines del mundo como instantes desesperados y entonces sentiréis que la respiración os falta, la cabeza os estalla, gritareis y llorareis en silencio y os abandonareis a vuestra suerte en un instante…pero no se puede huir siempre, no podemos refugiarnos en un sueño, en los cómodos brazos de alguien que nos proteja y nos salve incluso de nosotros mismos, no podemos detener el mundo y sentirnos su ombligo. Si alguna vez sucede, nos debe encontrar en calma, serenos, porque lo que ha de ser, será…pero si no es así y logramos superar ese instante de muerte, la lucha debe continuar y nosotros con ella, no lo dudéis ni lo cuestionéis, no deis ventaja a vuestro enemigo, el miedo, pues con cada una de las veces que logremos superar una situación de este calibre nos convertiremos en personas mas fuertes y preparadas para disfrutar de cada instante, que es al final a lo que se reduce el caminar por esta vida, pequeños instantes…

Ahora, queridas niñas…¿seguimos con la clase?

El ambiente se relajó y los sollozos cesaron, el miedo persistía pero la convicción de que cada uno debe encontrarse en el lugar que le corresponde en el momento adecuado tranquilizó a las pequeñas, alguna de ellas harían de esta experiencia su bandera.
Y aquí termina esta pequeña historia, basada en hechos reales, tan reales que perdurarán por siempre en el corazón de una mujer, como cualquier otra y en una vida que ha pasado por tantos finales como comienzos..cada vez mas cansada, si, pero que aún siente el calor acogedor de su querido pupitre y las cálidas palabras de aquella profesora, muerta ya hace algunos años, pero seguro que encontrándose en el momento y lugar que le correspondía.